Ahmes Nefertari, Reina y Esposa del dios Amón

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Después de más de un siglo de división entre norte y sur, el rey tebano Ahmose consiguió finalizar la guerra de reconquista iniciada por sus abuelos –y continuada por sus padres y su hermano– y expulsar a los reyes hyksos, que gobernaban desde la capital septentrional de Avaris. La reunificación de Egipto bajo un solo faraón de origen egipcio durante la XVIII dinastía dio comienzo al Reino Nuevo (1550-1069 a.C.), que fue la época de mayor expansión del imperio egipcio.

Ahmose tuvo como Gran Esposa Real a su hermana, Ahmes Nefertari, con la que se casaría siendo muy joven, y que era descendiente de una estirpe de poderosas mujeres (Tetisherit y Ahhotep) que tuvieron un gran protagonismo en la resistencia y la lucha contra el enemigo hykso. Hija, hermana y madre de reyes, la reina Ahmes Nefertari –cuyo nombre significa Nacida del dios luna, La más bella–, nació en Tebas durante el reinado de su padre Seqenenra Taa II. Fue testigo de la muerte de éste y de su posible hermano Kamose durante la guerra contra los hyksos, de la expulsión definitiva de su enemigo y del ascenso de su dinastía familiar al poder en un Egipto nuevamente unificado. La reina viuda Ahhotep la eligió por encima de sus otras hermanas para casarse con el nuevo faraón, Ahmose (1550-1525 a.C.), que subió al trono cuando todavía era un niño.

La matriarca fue, sin duda, el ejemplo a seguir por la pareja real durante sus primeros años como reyes e incluso después de la muerte de Ahhotep, en el año veintidós del reinado de su hijo. Reina regente Ahmes Nefertari y su hermano-esposo tuvieron varios hijos e hijas a lo largo de los veinticinco años que compartieron el trono, pero fue Amenhotep I quien sucedió finalmente a su padre cuando este murió siendo aún un hombre joven. Al igual que años antes le había sucedido a su madre, Ahmes Nefertari se vio viuda y con un hijo pequeño como rey, de manera que tuvo que tomar las riendas del poder como regente en nombre de su hijo hasta que Amenhotep I se convirtió en un hombre adulto.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

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