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La faraónica construcción de la gran presa de Asuán, amenazaba con dejar bajo las aguas del Nilo a los templos de Abu Simbel, obra del faraón Ramsés II. En 1959 se inició una campaña internacional de recaudación de fondos para salvar los monumentos. Cambiar su emplazamiento original era una costosa batalla contra el tiempo. El monumento y sus cerca de 20.000 toneladas fueron desmontados y trasladados a un terreno más elevado en un proyecto de cuyo inicio se cumple en el mes de abril de 2016 medio siglo de vida.

Si durante siglos fue la arena del desierto la que ocultó el imponente templo de Ramsés II en Abu Simbel, en el siglo XX fueron las aguas del Nilo las que estuvieron a punto de sepultarlo. Aquellas aguas que hacia el mes de julio desbordaban el cauce del río, y depositaban sobre sus márgenes el limo que fertilizaba las tierras, hicieron posible una floreciente civilización en la antigüedad, pero estuvieron siempre sometidas al capricho y voluntad de la climatología.

Entre 1899 y 1902, siendo Egipto un protectorado británico, las autoridades intentaron asegurar la regularidad de las crecidas y evitar, tanto la destrucción de las cosechas por inundación, como la falta de las mismas por la sequía. Construyeron para ello, muy cerca del emplazamiento de los templos de Abu Simbel, la presa de Asuán. No fue suficiente, ya que en numerosas ocasiones estuvo a punto de desbordarse, a pesar del constante aumento de la altura de la obra. Se imponía una solución más eficaz.

En 1952 un golpe de estado a cargo del Movimiento de los Oficiales Libres, llevó al poder a Gamal Abdel Nasser que se convirtió en 1953 en presidente y hombre fuerte de Egipto. Una de sus primeras decisiones fue construir una segunda presa en Asuán. Este proyecto iba a tener implicaciones tanto políticas como arqueológicas, ya que, por una parte requería de una importante inversión económica que Egipto no podía afrontar por sí solo y, por otra, la subida del nivel de las aguas del Nilo inundaría numerosos templos y monumentos de Nubia, entre ellos el propio templo de Ramsés II en Abu Simbel.

La construcción de la segunda presa, hizo plantearse, cómo salvar los monumentos y tesoros que el Nilo iba a sepultar con la subida del nivel de las aguas, y entre ellos los templos de Abu Simbel, tanto el de Ramsés II como el de su esposa Nefertari. El gobierno egipcio confió la búsqueda de una solución a su ministro de Cultura, Sarwat Okasha que no necesitó mucho para convencer a Christine Desroches Noblecourt, eminente egiptóloga y conservadora de antigüedades del Louvre, para que liderara el llamamiento a la comunidad internacional para salvar los templos.

Artículo: Sara López Caiz / Moisés González Sucías

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