Polémica en Egipto por el traslado de esfinges de Lúxor a El Cairo

El Ministerio de Antigüedades de Egipto comenzó el pasado mes de diciembre, el traslado de cuatro esfinges del templo de Karnak, ubicado en la ciudad de Lúxor, a la plaza de Tahrir, situada en el centro urbano de El Cairo. Se trata de una medida que no ha sido bien recibida entre los círculos turísticos y arqueológicos de Lúxor.

Según ha informado Egypt Independent, la acción se enmarca en el proyecto de mejora de la plaza Tahrir, que incluye la decoración del espacio con diferentes elementos arqueológicos, como un obelisco faraónico o las cuatro esfinges de Lúxor.

A este respecto, los círculos turísticos y arqueológicos de la ciudad denunciaron que están despojando a la urbe de su patrimonio. Mohamed Qenawy, miembro de la Cámara de Turismo y Empresas de Viajes de Lúxor, señaló que la reubicación de las esfinges y otras estatuas tendrá un impacto negativo en este enclave egipcio. Al mismo tiempo, consideró que reunir estos artefactos en un mismo lugar los hace más vulnerables a las pérdidas y daños.

En esta misma línea se manifestó el director del Centro de Estudios, Diálogo y Desarrollo de Lúxor, Mohamed Abo Saleh, quien instó al Ministerio de Antigüedades a revisar su decisión. Desde el citado departamento, por su parte, insistieron en que las esfinges trasladadas forman parte de las 60 que están ubicadas detrás del primer edificio del templo, aclarando así que no proceden de la Avenida de las Esfinges que une los templos de Lúxor y Karnak.

Abo Saleh, a su vez, señaló que los residentes de la ciudad estaban enfurecidos por el despojo de 122 objetos, entre los que figuran algunas posesiones de Tutankamón, de los museos o templos de Lúxor, a lo largo de 2018. Y es que los ciudadanos apostaban por crear un museo que mostrara nuevos hallazgos arqueológicos, no por perderlos.

Actualmente, también se especula con el traspaso de estatuas al Gran Museo Egipcio durante el año 2020, cuando está prevista su apertura, entre las que se encuentran algunas del Templo de Lúxor descubiertas en 1989.

Artículo: Tourinews

Muerte en Amarna: Incidencia del comenta Halley en el cisma religioso de la XVIII Dinastía

La célebre novelista Agatha Christie (1890-1976), la reina del crimen, la dama del misterio, permitió que su pasión por la arqueología –que en gran medida le había sido transmitida por su esposo, el arqueólogo Max Mallowan (1904-1978)- se pudiese saborear en algunas de sus páginas más famosas, así como en otras que no lo son tanto. Entre las primeras, la que más trascendencia ha logrado es Muerte en el Nilo, uno de los casos paradigmáticos del detective belga Hércules Poirot, llevado a la gran pantalla en 1978 con un reparto de lujo, reuniendo delante de las cámaras a actores de la talla de Peter Ustinov, Bette Davis, Angela Lansbury o Mia Farrow. Pocos saben que en 1937, al mismo tiempo que Christie ponía por escrito la historia de ese letal crucero por el Nilo, también se dedicó a componer una obrilla de teatro, apenas conocida, con el sugerente título de Akhnaton. Por supuesto, el misterio no falta en esta pieza dramática, donde la muerte se pasea por Egipto, saldándose con el envenenamiento de Ajenatón, el suicidio de Nefertiti y un pregonero voceando a los cuatro vientos el decreto de retorno a la ortodoxia tebana. Bien podría haberse llamado Muerte en Amarna.

El período amarniense se ha convertido en un auténtico rompecabezas para la egiptología moderna: ¿Se enfrentaron los egipcios a una de las primeras epidemias de peste bubónica registradas por la historia? ¿Es posible que esta plaga guarde relación con un invierno nuclear ocasionado unas décadas antes por un paso del cometa Halley peligrosamente cercano a la Tierra? ¿Fue este objeto celeste interpretado como la llegada de la diosa lejana, el Ojo de Ra, la colérica Sejmet, a fin de ejecutar La Destrucción de la Humanidad? ¿Existe un complejo sentido astronómico detrás de la teología amarniense, tanto de sus orígenes, de sus progresos, como de su colapso? ¿Se valió la propaganda ramésida igualmente de la astronomía para asestar el golpe de gracia al dios Atón?

El especial magnetismo de Ajenatón ha atraído hacia Tell el-Amarna a numerosos investigadores que, emulando la mente crítica y penetrante de Poirot, se han adentrado en las aguas cenagosas y turbulentas del cisma religioso de la XVIII Dinastía, arrojando nuevas luces sobre este período. En este artículo aportaremos nuestro personal granito de arena, argumentando a favor del fuerte ascendente que la astronomía ejerció sobre las acciones y decisiones tomadas por los monarcas del Imperio Nuevo en general y de la época amarniense en particular.

Artículo: Alfonso Daniel Fernández Pousada

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Oráculo de Amón de Siwa

Situado en Aghurmi, es la visita principal al oasis de Siwa junto con el llamado segundo templo de Amón de Umm Ubeidah, el oráculo de Amón en el oasis de Siwa, fue un oráculo del dios Amón (Zeus-Amón en el mundo griego) fundado por tebanos pues la representación del dios egipcio en Siwa y en Tebas era la misma.

Las revelaciones, las daban un numeroso grupo de sacerdotes (incluso se habla de ochenta).

Alejandro el Grande o Magno, lo visito en 331 a.C; el historiador griego Colistenes de Olinto que acompañaba a Alejandro menciona: Que llegados al oráculo de Siwa, el profeta de Amón le confirmó su condición de hijo de la divinidad solar y le ofreció un favorable presagio sobre sus campañas aunque su reinado seria corto, de cualquier modo, lo que allí sucedió escapa a la historia oficial.

Artículo: Bartomeu Egea Resino

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Tutankhamón: La tumba y sus tesoros

Cuando aquel noviembre de 1922 el arqueólogo británico Howard Carter (1874-1939) pronunció la frase que lo inmortalizó: ’’Veo cosas maravillosas’’, ni él mismo era consciente de la magnificencia del descubrimiento que acababa de hacer. Ante sus ojos y durante 9 temporadas de excavación pasaron más de 5000 piezas correspondientes al ajuar funerario de un faraón del Antiguo Egipto, el joven Tutankamón que vivió a finales de la célebre dinastía XVIII (circa 1321-1311 a. C.)

97 años después, en 2019, regresa a Madrid (ya la pudimos ver en 2010-2011) la exposición “Tutankhamón, la tumba y sus tesoros”, que nos ofrece un recorrido diferente e innovador, y nos transporta a 1922 para ver la tumba tal y como Carter la descubrió, gracias a la recreación de las 3 cámaras principales de la sepultura, así como a una serie de réplicas de piezas destacadas del tesoro del joven monarca.

Los objetos, más de 1000, han sido realizados con el mayor de los esmeros por artesanos egipcios a partir de fotografías del hallazgo y de los propios objetos originales, y permiten al visitante convertirse en un espectador privilegiado y poder participar de la emoción del descubrimiento.

La exposición, propiedad de SC Exhibitions, se encuentra duplicada, por lo que siempre hay dos muestras viajando por el mundo. En estos momentos aparte de en Madrid, se encuentra expuesta también en Budapest hasta el próximo 1 de marzo.
En Madrid se halla ubicada en el “Espacio 5.1” de IFEMA, y está dividida en 4 ámbitos bien diferenciados que podríamos identificar como: contexto general, audiovisual, reconstrucción de la tumba y exposición en sí.

Artículo: José Antonio Moya Vargas

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El origen de la Dinastía Ramésida

Tras los reinados de faraones como Tutmosis III o Amenhotep III, durante los cuales Egipto vivió una época de prosperidad y expansión militar, el país del Nilo conoció un periodo turbulento en su historia a causa de la llamada herejía de Amarna, iniciada por el faraón Akhenatón (conocido en sus primeros años como Amenhotep IV). El llamado faraón hereje intentó imponer el culto de Atón, el disco solar, descuidando no solo al resto de dioses del panteón, sino también la política interior y exterior. Esto tuvo como consecuencia que Egipto perdiera parte de sus territorios en Asia a manos de una nueva potencia, los hititas, a finales de la XVIII dinastía.

Será el faraón Horemheb quien retomará el imperialismo propio del Reino Nuevo, que continuarán sus sucesores para recuperar lo perdido bajo el gobierno de Akhenatón, aparentemente más preocupado en rendir culto a su dios desde la nueva capital, que en defender las fronteras de Egipto frenando el avance hitita.

Aunque Horemheb comenzó la damnatio memoriae contra sus antecesores (Akhenatón, Esmenkhare, Tutankhamón y Ay, a los cuales había servido como general), probablemente tuvo que casarse con una medio hermana de la reina hereje Nefertiti, Mut Neyemet, para legitimar su ascenso al trono, ya que él no era de sangre real. Aunque la pareja real pudo tener hijas, lo cierto es que no tuvieron hijos varones, o no vivieron lo suficiente como para heredar el trono a la muerte de Horemheb. Esto llevó al rey a tomar la decisión de adoptar un sucesor, al que eligió precisamente entre la casta militar a la que él mismo había pertenecido: Pa Ramessu, su ya anciano visir. Entre los títulos de este importante personaje encontramos los de Jefe de los arqueros, intendente de la caballería, jefe del sello, mensajero real en el extranjero, escriba real, líder de los sacerdotes de todos los dioses o comandante del ejército del faraón.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

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