Teresa Bedman: ‘‘Fue el propio servicio de antigüedades el que decidió que nos teníamos que dedicar a Egipto el resto de nuestra vida’’

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Teresa Bedman: ‘‘Fue el propio servicio de antigüedades el que decidió que nos teníamos que dedicar a Egipto el resto de nuestra vida’’

Cursó estudios de Geografía, Historia y Egiptología en la Universidad de Manchester, especializándose en la mujer egipcia. Actualmente es secretaria de la Comisión de Seguimiento de la cátedra de egiptología ‘‘José Ramón Mélida’’ del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto.

Es Miembro Ordinario de la International Association of Egyptologists desde 1987, socio de Honor de la Sociedad Mejicana de Egiptología, miembro fundador del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, donde ha llevado a cabo en Deir el Bahari, como co-directora de la misión, el Proyecto Sen-en-Mut (TT353) entre los años 2000 y 2009 y el Proyecto Visir Amen-Hotep Huy (TA28), a partir del año 2009, donde compagina su labor de egiptóloga y co-directora, con la fotografía y documentación de la excavación. Ha escrito numerosos artículos para publicaciones especializadas del ámbito de la egiptología y de historia antigua.

Artículo: Marian Romero Gil

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Ser niño en el antiguo Egipto (II): juegos y juguetes

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Ser niño en el antiguo Egipto (II): juegos y juguete

En el número anterior de Egiptología 2.0 veíamos quiénes eran los niños del antiguo Egipto: su nacimiento, sus características identitarias, su alimentación…. Pero falta un aspecto muy importante para la infancia: el juego.

Según la definición de la RAE, jugar es ‘‘hacer algo con alegría con el fin de entretenerse, divertirse o desarrollar determinadas capacidades’’. Con el juego los niños conocen el medio en que viven, a sí mismos y asimilan aspectos sociales de la cultura en donde se integran, en nuestro caso el antiguo Egipto.

Jugar constituye un aprendizaje continuo, y es una actividad inherente a los niños, y no iba a ser menos en la antigüedad. Es un tema poco trabajado todavía debido a la escasez de fuentes, pero, a pesar de ello, sí que podemos saber algo del juego del niño egipcio.

las referencias que tenemos de juegos infantiles las encontramos en las mastabas del Reino Antiguo en Guiza y en Saqqara y en dos tumbas-hipogeos del Reino Medio, en Beni Hassan. No se han encontrado (de momento) representaciones lúdicas del Reino Nuevo o periodos posteriores en Egipto. Tampoco se conocen referencias de juegos de mesa relacionados con los niños, ya que este tipo de juegos están más enfocados a los adultos que a la infancia.

La disparidad de fuentes y su discontinuidad en el tiempo, no permiten asegurar hipótesis, aunque si podemos ver que los juegos egipcios se dirigían más al fortalecimiento físico y a la propia habilidad del individuo. En ocasiones las escenas son acompañadas de pequeños textos que explican la acción o reflejan los comentarios de los jugadores como vamos a poder ver en algunos casos, que nos ayudan en su interpretación.

Por otro lado, el porqué de estas representaciones nos es desconocido, no se sabe dónde encajarlas, si en escenas de vida cotidiana, en las cuales el difunto es el observador (los antiguos egipcios eran muy dados al divertimento pasivo), o que tengan algo que ver con ritos desconocidos hasta el momento. Vamos a ver algunos de los más interesantes y que además perviven en la actualidad (o por lo menos muy recientemente).

Artículo: Aroa Velasco

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La momificación: La preparación del difunto para el Más Allá

Ramses

La momificación: La preparación del difunto para el Más Allá

Cuenta la leyenda que la idea de preservación del cuerpo nace con el mito de Osiris, primera momia conocida. Un mito lleno de envidias, de afán por el poder, pero también de amor y fortaleza.

Cuenta la leyenda egipcia que Seth mata a su hermano Osiris, rey de la tierra Negra, para usurpar su trono. Su cuerpo vagaba por las tierras de limo Negro hasta que su esposa, Isis, logra rescatarlo en las costas de Byblos para darle sepultura. Seth, se entera, roba el cadáver de su hermano y lo descuartiza en 14 pedazos para posteriormente esparcir los pedazos a lo largo del río Nilo. Isis, destrozada, junto a su hermana y cuñada Neftis, buscan los restos de Osiris, hasta que logran encontrar todos los pedazos salvo su falo, el cual fue devorado por un pez, el oxirrinco.

Isis reconstruye el cuerpo de su marido y con su magia, logra asemejar el pedazo que le faltaba, y aquí, al final de la historia, es donde toma protagonismo Anubis, quien ayuda a embalsamar el cuerpo de Osiris logrando así, que su cuerpo perdure para siempre.

Esta vez Isis, muy cauta, esconde el cuerpo de su marido en un lugar que tan solo ella sabría localizar. Así, su momia estaría a salvo para toda la eternidad. Se cuenta que las primeras momias no fueron momificadas, que simplemente eran depositadas sobre las cálidas arenas del desierto en posición fetal, sobre su lado izquierdo, con la cabeza orientada hacia el sur y la cara mirando hacia occidente.

De este modo, gracias a las altas temperaturas, el cuerpo se secaba de manera natural, absorbiendo todo los fluidos que desprende el cuerpo una vez inerte. De este modo, la preservación del mismo se conservaba por los restos sin tener la necesidad de ser manipulado. Más tarde, en el Reino Antiguo (2700-2200 a.C.), con un cambio en la mentalidad egipcia, los cuerpos son trasladados de las ardientes arenas del desierto a cámaras funerarias donde se veneraba al difunto y se depositaba junto a él un ajuar funerario con los alimentos necesarios para su supervivencia en el Más Allá.

Artículo: Alexandra Bast

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Las ‘‘Ocas de Meidum’’

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Las ‘‘Ocas de Meidum’’

El friso de las conocidas cómo ‘‘Ocas de Meidum’’, era parte de una gran escena de caza de aves con red, pintada en estuco en el muro norte del corredor de la capilla de Atet, en la mastaba de Nefermaat y su esposa Atet en Meidum. Nefermaat era hijo y Visir de Snofru, primer faraón de la cuarta dinastía. La mastaba fue descubierta por Auguste Mariette en 1871 y estudiada posteriormente por W. F. Petrie. El ‘‘friso de las ocas’’, es uno de los fragmentos murales arrancados de la mastaba y trasladado al Museo Egipcio del Cairo.

La Mastaba se encuentra aproximadamente a un kilómetro al norte de la Pirámide de Snofru, dentro del campo de mastabas de la zona norte, cerca del ‘‘cementerio norte de Petrie’’ y del cementerio norte de época romana. Junto a ella está la mastaba nº 6 cuyos propietarios son Rahotep y su esposa Nofret.

El arte pictórico durante el Imperio Antiguo prestaba la máxima atención a los detalles de las representaciones animales y de las plantas, tanto que incluso hoy en día es posible identificar las especies de gansos que forman parte del friso, desde el plumaje estilizado del ánsar careto a la especie ánsar campestre o la barnacla cuellirroja.

Artículo: Moisés González Sucías

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Los templos solares de la V dinastía

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Los templos solares de la V dinastía

Cuando uno piensa en el antiguo Egipto a su mente vienen pirámides, momias, el imponente templo de Karnak, algún que otro templo de ‘‘Millones de Años’’, faraones como Ramsés II, tumbas como la de Tutankhamón…, pero además de todas estas maravillas, en Egipto hubo unos templos menos conocidos e igualmente fascinantes, los templos solares del Reino Antiguo.

Edificados durante la V dinastía por seis de los nueve faraones de la misma, únicamente han sido descubiertos dos de estos templos, el del faraón Userkaf, primer rey de la dinastía y el primero en edificar un templo solar, el cual fue conocido como ‘‘Fortaleza de Ra’’, y el de Niuserre, llamado ‘‘Lugar de deseo de Ra’’, descubierto en mejores condiciones que el de su antepasado. Ambos se construyeron en Abu Gurob, yacimiento situado a 1’5 km al norte de Abusir.

El hecho de haber encontrado únicamente dos de estas construcciones hace que algunos expertos duden de la existencia de los otros cuatro templos, apuntando la probabilidad de que los monarcas de la V dinastía reutilizasen los templos de sus antepasados, modificando tanto su arquitectura como el nombre de los mismos. Sea como fuere, lo que sí sabemos es el nombre del resto de templos solares: ‘‘Lugar de sacrificios para Ra’’, el templo del faraón Sahure; ‘‘Lugar predilecto de Ra’’, el de Neferirkare; ‘‘Mesa de ofrendas de Ra’’, de Neferefre; y ‘‘Horizonte de Ra’’ de Menkauhor. Como puede apreciarse por sus nombres, estos templos honraban al dios Ra, y habrían aparecido como respuesta al progresivo aumento de la importancia de esta divinidad.

Espacialmente también se aprecia la importancia del dios Ra, ya que el elemento principal de estos complejos templarios era un gran pedestal sobre el que se ubicaba un obelisco, símbolo del dios solar.Los edificios que configuraban estos templos eran un templo bajo, una calzada, y un templo alto desde el que se accedía al recinto sagrado, donde se encontraba el obelisco, en el extremo de un patio a cielo abierto, y varias edificaciones más. Los elementos arquitectónicos que lo componen hacen que estos templos sean muy similares a los complejos funerarios reales de esta época, lo que ha llevado a que los templos solares sean considerados, por algunos expertos, como un complejo funerario para Ra.

Artículo: Sandra Pajares Sotillo

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