Entrevista: Alejandro Jiménez Serrano

Alejandro

Alejandro Jiménez Serrano: ‘‘Tenemos la suerte de tener la excavación con los resultados más espectaculares de toda la zona’’.

 Profesor del Área de Historia Antigua, en donde imparte la asignatura diversas asignaturas específicas de la disciplina, así como otras más centradas en la Egiptología. Se formó en la Universidad de Jaén y en el University College London.

 Su investigación se centra en los periodos más tempranos de las civilizaciones del Valle del Nilo, en el desarrollo de la escritura, en las relaciones de Egipto y Nubia durante la Antigüedad y en el análisis de la administración periférica durante el tercer y segundo milenio a .C. Hasta la fecha ha publicado cinco libros, entre los que destacan ‘’Historia de Egipto de Manetón’’ (en colaboración con Juan Jiménez. Akal, 2008), ‘‘Los primeros reyes y la unificación de Egipto’’ (Universidad de Jaén, 2008) y ‘‘Royal Festivals in the Late Predynastic Period and the First Dynasty’’ (Oxford, 2002), así como una cincuentena de artículos y capítulos de libros en revistas científicas nacionales e internacionales.

 Desde el año 2008, es el director del Proyecto Qubbet el-Hawa, que en la actualidad se centra en la excavación y conservación de las tumbas nº 33 y 34, en la consolidación de la nº 34h y en proyectos de ayuda al desarrollo local.

 

Artículo: Marian Romero Gil

 

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Escriba sentado del Louvre

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Escriba sentado del Louvre

 Esculpida entre los años 2480 y 2350 a. C., es una de las esculturas más representativas y mejor conservadas del Imperio Antiguo. Fue realizada en una época en que Egipto se encontraba en la cima de su gloria y se había abandonado la construcción de grandes pirámides. Los artesanos cubrían más campos, las tumbas y los templos tenían una arquitectura más compleja y el ‘‘arte’’ se ocupaba de objetos más pequeños, reproduciendo la vida cotidiana. Los escribas, indispensables en el estado fuertemente centralizado, eran representados frecuentemente.

 La escultura fue hallada el 19 de noviembre de 1850 por Auguste Mariette, al norte de la avenida de esfinges del Serapeum de Saqqara, frente a la antigua ciudad de Menfis. Se estima que representa a un alto funcionario de la administración, ejerciendo su oficio (escriba). Colocada en la capilla de culto de una tumba, la escultura participaba en las ceremonias y recibía las ofrendas para el difunto, su función tenía pues un carácter funerario.

 Se trata de una escultura individual de bulto redondo pensada para ser colocada junto a la cámara funeraria, en el serdab. El material utilizado es la piedra caliza, utilizando el procedimiento de la talla. Los ojos aparecen incrustados en la piedra y están realizados con magnesita blanca, ébano, cobre y cristal de roca.

 

Artículo: Moisés González Sucías

 

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Ser niño en el antiguo Egipto (I)

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Ser niño en el antiguo Egipto (I)

Los niños estaban muy presentes en la vida de los antiguos egipcios, y son una constante en las imágenes que nos han legado. Su presencia no es de extrañar, puesto que la eleva-da tasa de natalidad de la época, necesaria para poder vencer el tremendo porcentaje de muertes infantiles existentes por aquel entonces, hacía de ellos un elemento constante en el valle del Nilo. Además, su función no sólo era biológica, sino también ideológica, pues eran los encargados de perpetuar la memoria de sus padres, de cuidar sus tumbas y sus ofrendas una vez hayan viajado al Más Allá, de ahí el deseo tan urgente de una descendencia pronta y segura.

Por desgracia los testimonios que nos han llegado a la actualidad sobre la infancia en el antiguo Egipto son muy escasos. Por ejemplo, de documentación escrita tenemos muy poco, ya que parece ser que los egipcios no estaban muy orgullosos de su infancia. Aun-que por suerte sí contamos con un buen número de representaciones en donde tenemos a nuestros pequeños protagonistas, y gracias a ellas podemos establecer unos rasgos propios, haciendo de la infancia una identidad propia.

El nacimiento es uno de los momentos más peligrosos de la vida de todo ser, y más si es-tamos hablando de sociedades antiguas como la egipcia, tanto para la madre como para el niño, de ahí la multitud de elementos mágicos y amuletos empleados en estas circunstancias y que luego veremos.

El proceso como tal del nacimiento no nos ha quedado constatado de ninguna manera, y solo unas escasas evidencias arqueológicas, etnográficas y escritas nos ayudan para conocer un poco más sobre este acontecimiento tan importante. Una de estas primeras referencias la encontramos en el papiro Westcar, (papiro de Berlín 3033), en el relato del nacimiento de los tres hijos de Ruddyedet, los herederos al trono real.

 

Artículo: Aroa Velasco

 

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Magia y maldiciones del Egipto faraónico. Concepciones desde la antigüedad hasta el imaginario contemporáneo

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Magia y maldiciones del Egipto faraónico. Concepciones desde la antigüedad hasta el imaginario contemporáneo

 La creencia en maldiciones que recaen sobre quienes osan perturbar los monumentos funerarios e interrumpir el sueño eterno de los antepasados es una parte del imaginario colectivo del mundo antiguo y contemporáneo. Algunos de los ejemplos más emblemáticos de esta concepción se relacionan con los trabajos de investigación sobre el Egipto faraónico; ya que según las creencias populares, las inscripciones que se encuentran en las tumbas y objetos del ajuar funerario rezan maldiciones para quienes profanen el sepulcro.

En este artículo presento el desarrollo de esta concepción a través del tiempo: desde la antigüedad faraónica, con ejemplos de inscripciones que, efectivamente, advierten sobre infortunios a las personas que obstaculicen el culto funerario; pasando por el hallazgo, en 1860, de la tumba DB320 en Deir el-Bahri que contenía más de cincuenta momias que fueron llevadas al Museo de Bulaq en El Cairo.

También menciono el descubrimiento, en 1922, de la tumba KV62, perteneciente al faraón Tutankhamón, en el Valle de los Reyes y el frenesí mediático que revivió la leyenda de “la maldición del faraón” que durante todo el siglo XX, y lo que va del XXI, se ha plasmado en distintos medios como novelas, teatro, cine y programas de televisión.

Inclusive, esta concepción ha alimentado al folklore contemporáneo, creando nuevas “maldiciones” en torno a algunos sitios arqueológicos y museos que resguardan objetos del Egipto faraónico. Antes de entrar en materia, es necesario establecer el significado de la palabra maldición.

 

Artículo: Gerardo P. Taber

 

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Djeser-Djeseru, el templo de Hatshepsut

Hatshepsut

Djeser-Djeseru, el templo de Hatshepsut

Enclavado en las montañas occidentales de Tebas, la antigua Uaset, se encuentra el templo de la faraón Hatshepsut. Estas cimas, identificadas en la antigüedad con la diosa Hathor, cobijan esta construcción conocida por los antiguos egipcios como Djeser-Djeseru, ‘‘el Sublime de los Sublimes’’. Una inscripción de la tumba de Djehuty, funcionario de la reina, describe el templo así: ‘‘un palacio del dios, forjado laboriosamente con oro y plata, iluminaba los rostros (de las gentes) con su magnífico esplendor’’.

En este emplazamiento existía otro importante templo, el de Nebhepetre Mentuhotep, monarca de la dinastía XI (hacia 2055 – 2004 a. C.), con quien da comienzo el Reino Medio. El templo de Mentuhotep II fue construido para rememorar el jubileo del monarca, y sus restos aún son visibles junto al Djeser-Djeseru.

Durante el Reino Nuevo se construye otro templo, el del faraón Amenhotep I y su madre, Ahmose Nefertari, destinado a que ambos recibiesen culto en él. Esta construcción, realizada en adobe, estaba situada en lo que más tarde sería la segunda terraza del templo de Hatshepsut, por lo que al comenzar la construcción del templo de la reina, el de Amenhotep fue desmontado (los restos de este templo fueron guardados y han ido apareciendo en las diversas fases de excavación del Djeser-Djeseru).

 

Artículo: Sandra Pajares Sotillo

 

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